ED. LA PALMA colección:eme

eme ::: ESCRITURA DE MUJERES EN ESPAÑOL

Otro año del mundo en El Mundo

Por Alejandro Gándara El Rey de los Elfos

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Sobre el poema/balada de Goethe, Der Erlkönig (El Rey de los Elfos), construye Pilar Martín Gila (en la foto) un poemario estremecedor y vigoroso: Otro año del mundo (Ediciones La Palma). Goethe cuenta la historia de un padre que cabalga de noche con un hijo en los brazos y al que trata de aliviar sus miedos, pues el niño cree haber escuchado al Rey de los Elfos, personaje del ultramundo que en Goethe es una fantasmagoría de la muerte. Cuando padre e hijo descabalgan en una alquería, el muchacho está muerto.

Martín Gila se detiene en la cabalgada por llegar a su destino de esos dos personajes capaces de percibir la amenaza que esconde la noche y el bosque, pero que en realidad es más metafísica que física. La noche y el bosque, los ríos o las luces presentidas de las aldeas componen un universo tan denso e inquietante que acaba por ser mágico. Pero de la magia de verdad: ese mundo que puede convertirse en cielo o infierno con el chasquido de los dedos de una naturaleza o de un dios déspotas y caprichosos, para los que la vida humana no vale nada.

De cierto, el poemario de esta autora abre un espacio en el alma (y en el pecho) por el que entra todo el frío y toda la oscuridad que recorre el cosmos de un extremo al otro. Lean:

“Se diría que quien vuelve/ conoce los rastros,/ el memorial de las canciones,/ ahí, un sendero que se abrió/ hacia la balsa, allá,/ el cruce de los caminos prohibidos,/ y cerca, el árbol que vaciaron/ tan lentamente las termitas/ (una claridad/ ha estremecido los helechos). (…)

Siempre el que vuelve viaja de noche/ aturdido por la lluvia, el reclamo,/ el roce de las hojas desprendidas,/ un ave que desciende,/ todo es concreto /y es por tanto inconfundible,/ mientras cruza la oscuridad/ y cabalga sin fondo/ los ojos abiertos y ciegos/ como si acabara de venir al mundo.

No, éste que cabalga de noche,/ de vuelta a casa,/ no conoce el camino cerrado ahora/ por la ventisca y la lluvia,/ el sentido contrario del aire/ y el desamparo./ Pero recuerda como si añorase/ lo desconocido,/ el próximo invierno,/ su despensa, aquella canción/ que no se hizo canto/ o la suerte que falta por entrañar,/ cada vez más cercana,/ más inseparable, una voz/ en el claro vientre de las aves/ sigue leyendo sin objeto.

Llora una mujer tras cada arbusto/ agitando los brazos/ como ramas invernales,/ la vigilia de este niño sin corderos/ que va en un caballo a rienda suelta/ y se abraza a un jinete/ que imagina descansar./ Es una alcoba la noche/ y una certeza./ Hoy no han salido las sombras. El bosque,/ el bosque es sólo un momento/ que transcurre sin causa.”.

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Esta entrada fue publicada el 5 diciembre, 2014 por en PRENSA, RESEÑAS.

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