ED. LA PALMA colección:eme

eme ::: ESCRITURA DE MUJERES EN ESPAÑOL

Reseña Nayagua de Fragmentos de un diario desconocido. Noni Benegas

Después de la escisión: versaciones con- nuestras manos nudosas
Fragmentos de un diario desconocido, de Noni Benegas
Ediciones La Palma, colección eme, 2017 (reedición XXIV Premio Esquío de Poesía).

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Se reeditan este año dos obras de Noni Benegas que se hallaban agotadas. Y esto tres años después de que se recopilara una antología de su obra poética seleccionada por ella misma, con carácter temático y no cronológico, que nos pone a orbitar en su obra como un conjunto que fuera imantado por determinadas claves: El ángel de lo súbito, a cargo de Benito del Pliego. Para quienes ya hayan manejado esa selección va a ser más sencillo reconocer por cuáles de esas claves transita a menudo Noni en Fragmentos de un Diario desconocido: el lugar –también el de la escritura-, el sueño o la sangre familiar, entre otras.
Puede llegar a resultar atractivo y ameno el desdoblamiento formal de texto versal/no versal o verso/prosa en los libros de poesía. En Benegas más, porque ella no parece estar ensayando lo que prescribió Juan Ramón para evitar la poesía prescindible: reescribir o duplicar en prosa, a ver qué sucede, o viceversa; sino porque ella nunca deja de estar escribiendo poesía. El que la elección formal de la prosa esté en cursiva, parece reafirmarlo. Ella lo llama voces: “Yo tenía unos textos en prosa poética y me di cuenta que hablaban con otros textos que tenía escritos y no sabía cómo armar el libro. Me di cuenta de muchas de las voces que yo tenía. Y también me interesaba mirar desde otro lugar eso mismo que estaba pasando en la escena principal. El desdoblamiento, que a veces puede ser triple.” (la autora en reciente conversación con Mercedes Cebrián dentro del ciclo ‘Describo que escribo’  en Casa de América, que por cierto se puede disfrutar on line).
Y con todo, voces es un término que por decir demasiado cada vez dice menos, tal vez porque se ha abusado tanto de él en la crítica literaria de la poesía escrita por mujeres de los años 80 y 90, que se quedó exhausto. Aunque tuvo su lugar, y muy importante. Yo soy más partidaria de asociarlo con un cruce entre identidad, enunciación y posicionamiento del decir; especialmente del decir de autoras que se nutren de variados géneros y subgéneros, que gustan y buscan en la hibridación, en el ensayo y en otras disciplinas artísticas, por ejemplo; con la libertad para sentirse deudoras, y creadoras, dentro no de una, sino de varias tradiciones por las que se sienten atravesadas; en un intento por reunirse después de haber sido escindidas, y reencarnar ese impulso en escritura de una sujeto que activamente se construye, y reconstruye, después de la escisión. La tipografía de cursiva de los fragmentos en prosa me remitiría tanto a la alusión a un tiempo particular de enunciación distinto de los poemas en verso, como a la conciencia que tiene la autora de estar, de algún modo, citándose a sí misma; y por tanto da pistas de una distancia del sujeto autora sobre esa autora que no está sujeta a escribir como poeta, sino que usa, como material poético, diarios, reflexiones. Para mayor claridad puede ser útil el ejemplo de las acotaciones teatrales: estudiábamos la cursiva, en la escuela tradicional, fuera de los títulos o citas, como propia de las acotaciones, que daban cuenta de una distancia escénica del autor hacia el texto, al servicio de su representación. Pero también, y desde Valle-Inclán, de ese decir desde otro lugar, otra posición, y por tanto de un autor distinto del dramaturgo. Entonces aquí, podría la cursiva estar dando cuenta de una autora distinta- de- la- poeta- pero- al- servicio- de- la –significación- poética, y de las resignificaciones que resultan de esa duplicación, en confluencia más que en oposición, pero también en pulcra alternancia (un fragmento en prosa cursiva, otro en verso redonda).
Sea como sea, es esta duplicación donde me parece que reside la magia de lo que va operando la lectura de este poemario; prende, como mecha o fósforo, la sensación de estar tocando con la punta de los dedos algo hasta ese momento desconocido, y de producir por tanto ese traslado en la percepción de los significados, a ese lugar, ese tiempo dentro del tiempo en lo que dura el poema, conocimiento en duración. A medida que se lee, algo se va reuniendo, va convergiendo en un lugar que ni es el del verso ni el de la prosa, y que sin duda es lugar de conocimiento, y de re-conocimiento.
Siempre está en búsqueda, esta escritura: de hecho en un poema se reconoce en búsqueda de la verdad: le preocupa, como le preocupó a Unamuno en su momento –y conozco el dato porque se lo he leído a otra Noni, la investigadora y ensayista – que la rima pueda alejarla de la verdad, a esta poeta filósofa.
Y aplicando un calificativo que ella misma señalaba de Jose María Valverde –prologuista de su primera obra, Argonáutica-, además de filósofa, erudita alegre. Numerosas lecturas de Noni atraviesan e impulsan varios poemas de este libro; un reconocimiento que se presenta al final del poema, y que rehúye la tradicionales preposiciones autoriales (de, por, by), acercando la identificación al tiempo donde literatura y vida se reúnen más a menudo, fuera de la lectura: en el de las con-versaciones; no lo cita sólo porque le impactó literariamente, sino porque la ha acompañado; cual Diotima que entra en conversación con otro mundo simbólico, y muestra el poema como fruto, o como lugar donde algo converge, parece decirnos Benegas, con peculiar modestia, al usar la preposición “con” delante de esas autoras con las que salda su deuda. Y también como quien se posiciona, toma postura en algunos lugares, casillas del tablero de la oca de su vida de escritora: de puente a puente, y escribo con quien me arrastra en su corriente.
“Freud nunca se preocupó por la mística femenina, Lacan sí”, afirmaba recientemente Victoria Cirlot en una charla de Poemad 2017. Lo cito porque hacia la mitad de Fragmentos, los versos entran en explícito diálogo con la mística de San Juan de la Cruz. Inesperados como esos libros de Juan Gelman, entre mis favoritos: Hechos y relaciones ( 1980), Citas y Comentarios (1982). O no tanto: la ascesis como una manera de hacer política cuando te han desplazado y silenciado, y hasta qué punto puedes afirmarte política cuando no tienes los mismos derechos de ciudadanía que los y las locales autóctonxs.
El libro recibió el XXIV Premio Esquío de Poesía en 2004. Es cosa de comprobar cómo siguen nutriendo esta búsqueda de lo excelente en poesía, la obra de las 18 poetas que fueron premiadas, con primer premio o accésit, por sus libros en gallego o en castellano a lo largo de los casi 30 años de vida que tuvo este premio fundado por Julia Uceda y Fernando Bores. Fragmentos de un diario desconocido se reedita en la colección eme que, dirigida por Nuria Ruiz de Viñaspre, resiste y avanza, galopante, por nuestro veintiuno (siglo). Cierta intuición que llamaré crítica me ha invitado, hasta aquí, a evitar la extrapolación de palabras o versos del poemario, pues fragmentar lo que ya se presenta como fragmentario me suena a renuncia, y a suplantación; de entrada una renuncia a reunir, cuando esto trata de funcionar como una invitación en torno a lo que la escritura de Noni Benegas invoca, convoca. Y sin embargo, hay una lectura distinta que convive con todo lo mencionado hasta ahora; una más íntima, a partir de la cual agradecer sencillamente un libro que encuentra, dentro de un tiempo del tiempo, un lugar para nuestra relación con la madre.
Es en este punto cuando tal vez lo más honesto sea interrumpir la aspiración de reseña y corresponder, agradecida, con palabras emocionadas de una lectora, tal y como la misma reedición del libro propone al final: con el poema de Lila Zemborain y la carta de Carmen Pallarés. Así haré, y más que citar, entrecomillo versos o algunos agarraderos que me
e-lectriz-aban mientras leía…

Querida Noni: Tu libro me permite ahondar en el misterio de que hijas y madres fuimos la misma durante 9 meses –siete, ocho-. Muchas en la infancia hemos sentido su cercanía – la otra como ternura- , y a continuación, y no entendiéndola, la distancia, esa distancia que también nos permitía ser distinta de ella, que permitió el diálogo entre ambas, y a menudo otras cosas no tan admirables, como la envidia (de la que iba siendo cada vez menos joven, ella).

Ella, la madre, hasta que perdimos su reconocimiento, no como si hubiera dejado de reconocer en nosotras a su hija, más bien como si no encontrara nada admirable en la que éramos…Y como fuimos la misma durante 9 meses – siete, ocho-, esa distancia nos alejaba también de nosotras mismas. En demasiadas ocasiones había que morir a la que éramos: morir a la hija amada, alejarnos de una parte de nosotras, sin haberlo elegido.
En este poemario siento que de algún modo se halla, nombrada, esta escisión (se haya y se halla, a sí misma); y que el recorrido permite la re-unión, la re-ligación. Se vuelve o vuelve todo, y volvería a juntarse dentro algo que se había separado: el poema inicial –“nota cómo lo plancha en la memoria y le quita la amenaza de los pliegues”- resuena a la mitad del libro, en la descripción magistral del rostro de una mujer vieja que ahora es un atlas, y nos ofrece las coordenadas para el lugar desde donde decir y desdecirse de la poeta. ¿El rostro de la madre vieja, los mismos pliegues, fuera, que con tanto tesón –y ese ritmo tan cuidado- había planchado dentro de sí, la hija?

Los cuidados últimos de la hija, el regalo de la ternura inversa, el silencio
reparador

“madre tarde”

Y luego, todavía, tiempo de llegar a nosotras mismas, a ese adentro que se nombra en la página 12: “eran unos límites/ para, de vez en cuando, / tener un dentro: hogar”

Y lugar, el poemario como lughar, la poeta
creadora de espacios que rehúye un equilibrio fácil, funambulista de esa palabra que se
tensa entre el polo del verso y el de la prosa

su calidad, su riesgo, su ser auténtico, esa conversa entre
la horizontalidad del sueño, la honestidad de la prosa y la verticalidad una
vida imposible: el poema.
Y yo te dije filósofa, y tú escribes “tal vez yo vaya en pos de explicaciones/
como cimas”, y en otra página con Racine te declaras en búsqueda de la verdad, entre paréntesis : “(porque en verdad nada rima)”

Buscar-lugar- (verdad). “Una aventura del alma”, ese verso que es aplicable a todo el libro. “Fácil de descomponer” escribes, y lo consigues con tu escritura:
“esculturas de un interior/ expuestas”

E imagino a María Salgado subrayando “las cosas de ella”, en el poema de la página 35, su comienzo:

“Caían primero
fluían luego
diríamos que evaporaban
las cosas de ella”

Y entre esas cosas de ella, para mi asombro, tengo que digerir que también se halle la mística, su mística (la tuya); y ahí abandono la lectura del libro, porque me ha dado ya
lo suficiente no, más. Y paseo mojando mis pies, cuando me asalta la pregunta: ¿será ascesis? Vuelvo al poemario, esta vez escuchando fuera ese aleteo, “tensión de borde de playa bajo la ovación del mar”, mientras sigo leyéndote:

“Hemos llegado hasta aquí/
¿quién?”

El poemario ha logrado mi disolución, me ha cobijado en ese no tiempo dentro del tiempo, en ese instante indoloro “tenso con suavidad
extenso por tersura”

Anoto: es muy difícil escribir un libro así y no morirse

muy difícil escribir un libro así y no morirse de poeta

morirse de poeta a algo

Ahora entiendo que algo debió cambiar en tu escritura después y antes de este libro…

Ya estoy preparada para las enumeraciones, para la madre, para la
verticalidad altazora de los últimos cantos. Es otra Nemirovsky, anoto en la página 61.

Que en el medio del camino de su vida, en la plenitud de su obra literaria y en el final del camino de la madre, accede a desprenderse de tantas cosas, a limpiar y vaciar para que podamos meter nuestras manos nudosas entre las masas de tela.

Eva María Chinchilla

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Esta entrada fue publicada el 21 marzo, 2018 por en ENTRADAS, PRENSA, RESEÑAS.

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